Mundo de ficçãoIniciar sessão—¡Tú no eres mi señor! —me acusó con voz enronquecida, llena de violencia apenas contenida—. ¡Eres uno de esos monstruos! ¡No me equivoqué ayer cuando te hallé aquí afuera! ¡Debería haberte matado!
Dejé el cuenco vació en el suelo con un suspiro de desaliento y la enfrenté con una mueca.
—Soy tu esposo, Risa, amor mío. Y soy lobo —dije, sin ocultar e







