Mundo de ficçãoIniciar sessãoMi pequeña iba envuelta en un amplio manto de pieles blancas, el pelo recogido en una trenza medio deshecha, frotándose la cara mientras miraba confundida alrededor.
Corrí a su encuentro, mi pecho colmado por una felicidad incontenible, hasta que Risa volteó hacia mí.
Al verme, sus ojos parecieron estallar en llamas, y saltó sobre mí con un grito que más parecía un rugido, sacando de su manto una larga daga.
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