Mundo de ficçãoIniciar sessãoDespués de lavar mi herida, Risa me arropó con dos mantos y me sugirió que intentara descansar. No que tuviera muchas alternativas, aunque aproveché ese tiempo muerto para observar, no sólo a ella, sino también a los niños, y la dinámica entre ellos.
En ese momento, Risa actuaba como si estuviéramos en nuestra casita en Reisling con nuestros hijos, serena, afectuosa, con una infinita dosis de paciencia y una sonrisa a flor







