Mundo de ficçãoIniciar sessãoDesperté abrigado por el tibio peso de un manto de piel, el calor del fuego en mi cara y el olor a comida en la nariz. Mis hermanos menores ya estaban allí, y los demás habían montado un precario campamento.
Habían excavado la nieve en un círculo y encendido una fogata. Habían montado una tienda abierta y extendida a modo de toldo que bajaba hasta el suelo a mis espaldas, cubriéndonos del viento cargado de azufre y cenizas.







