Mundo ficciónIniciar sesiónLa mayor de las mujeres, de espalda encorvada y cabeza cana, aceptó agradecida la invitación a sentarse con nosotros. Ella y su hija sólo hablaban nórdico, pero Ragnar y su nieta me traducían lo que fuera necesario.
La historia que nos contaron distó de sorprendernos, a pesar de los elementos supersticiosos con que la adornaron. En resumidas cuentas, la reina había regresado una semana atrás, sin más compañía que media docena de caballos sin montura ni jinete. Había matado a todas las







