Mundo ficciónIniciar sesiónVolteé a enfrentar a Mael, que había cambiado y me observaba expectante, las orejas y la cola erguidas.
—¿Mi señor? —pregunté con la mente, porque era incapaz de articular palabras.
—Tranquila, mi pequeña. Estás bien —dijo volviendo lamerme—. Eres tú. Exactamente la misma que un momento atrás. Sólo que un poco más peluda.
Sentí la risa que me burbujeaba en la







