Logan cerró la puerta de la habitación con suavidad, cuidando no despertar a Mía, que finalmente había conciliado un sueño inquieto.
La observó por un instante, sintiendo cómo la protección y el deseo de justicia se fundían en su pecho. Pero la furia era más fuerte. Era una llamarada que lo empujaba, que le gritaba que ya no podía esperar más.
Sus pasos resonaron con fuerza por el pasillo. Cada pisada era una declaración de guerra. Al llegar frente a la habitación de Teresa, no se molestó en t