Logan observó a Mia en silencio mientras ella caminaba por el pasillo de la casa alfa, con el cabello suelto cayendo como un río oscuro por su espalda y una serenidad que contrastaba con la tormenta que él sentía dentro.
Sus labios se curvaron en una leve sonrisa, casi involuntaria, mientras su lobo gruñía con aprobación en su mente:
“Es hermosa, en verdad lo es.” Logan asintió apenas, como si respondiera a ese pensamiento sin palabras, y cuando ella dobló la esquina y desapareció de su vista