Zoe cerró los ojos, dejando que el ritmo acompasado del corazón de Logan la envolviera. Poco a poco, la tensión de su cuerpo se disolvió, y un cansancio inesperado la atrapó. Entre susurros y caricias, fue quedándose dormida a su lado, como si aquel fuera el único lugar en el mundo en el que pudiera descansar.
El silencio del hospital de la manada se rompía de vez en cuando con pasos apresurados, el tintinear de bandejas metálicas o el murmullo lejano de voces que discutían. La luz de la mañana