Estaba terriblemente cansada y el ajetreo de la noche anterior no me ayudaba a recuperarme. Sorprendentemente no tuve pesadillas y el cuidado constante de Rownan hizo muy agradable el viaje.
Devoré el cocido que el astil del fuego me ofreció durante un breve descanso que tomamos, dando tiempo a que los hombres se reagruparan y volví a gozar del abrigo que mi esposo me ofrecía al cabalgar juntos.
Así no temía a los posibles ataques de nuestros enemigos y con el estómago lleno, el sueño se hizo a