Tuve que ayudarlo y me fue difícil no burlarme por su descontento, así que cuando necesité que me llevara en brazos para evitar un encuentro indeseado con las ratas, supe que recibiría el mismo trato.
—Tengo una reina que no teme a los bárbaros, pero que salta a los brazos de su esposo en cuanto ve una rata— se burló—. A los astiles les encantará conocer ese detalle.
Abandonamos la cabaña y la insistencia de la luna, señaló el estrecho sendero que debíamos tomar para reunirnos con los hombres,