Durante toda la noche dormí profundamente y soñé con ese primo desconocido a quien pronto llamaría esposo. No advertí que las doncellas entraron a la alcoba para continuar preparando mis arcones, hasta que desperté, hallando una nueva pared conformada con baúles y trastos que serían trasladados por los carreteros expertos.
Los días habían pasado muy rápido y ya hacían más de dos semanas desde que los primeros mensajeros llegaron con las propuestas de los señores de Áthaldar.
El nerviosismo se m