—Es comprensible— le dije y me llevé la copa a los labios para beber el agua que quedaba—. Ha pasado muchos años entrenándolo y se ha empeñado más que nadie en protegerlo, así que sería a él a quien querría tener al lado cuando se siente mal.
—Supongo que es cierto, aunque yo no le pido que me abrace.
Habría dado cualquier cosa con tal de evitarlo, pero esas palabras me hicieron reaccionar del peor modo posible. La vergüenza impulsó mi garganta y escupí toda el agua en la cara del pobre ancian