El calor era insoportable. Sentía que me quemaba, que el aire se hacía imposible de respirar. No podía mover los brazos, ya que me pesaban como si fueran más grandes que el resto de mi cuerpo adolorido.
Finalmente supe lo que ocurría: estaba en medio de un ataque y las llamas debían estar rodeándome, para alimentarse de una mujer indefensa.
Quise luchar, resistir por el bienestar de mi hijito y entonces comprendí, que si el fuego se extendía tan velozmente como para alcanzarme, ya tendría que h