—Tenemos un enemigo en común que nos supera— declaró el astil del fuego—. Lo más beneficioso para nuestros pueblos es que unamos fuerzas, con tal de acabar con Éhiel y para eso, necesitamos que tanto Enerthand, Áthaldar y Ahiagón, estén en paz.
—Me niego a firmar la paz con Ahiagón— insistió Dátlael.
—Yo podría simplemente dejarle a mi tío el deber de continuar la guerra contra Enerthand y ocuparme de Éhiel, pero si callera, estoy segura de que usted se arrepentiría de no haber hecho algo para