Entramos en la tienda, cuyos adornos rebosaron mi vista al instante y por eso preferí tomar el asiento que me ofrecieron. Realmente el calor desplegado por el fuego que iluminaba la estancia, era acogedor, pero aun así me sentía incómoda.
—Permítame decirle que se ve encantadora— me alagó—. La maternidad ha resaltado su belleza de modo embriagador. Solo lamento que no lleve las joyas de la reina de Enerthand, porque había soñado con el momento en el que contemplaría el collar de esmeraldas, que