Los tres observamos el hambre voraz del pequeño, que se aferró a mi pezón con la energía de un niño mayor y contrario a lo que esperaba, su firmeza me entristeció; porque esa era una prueba más de que él llevaba la sangre intrépida de los Édazon y por lo tanto, su destino estaría ligado a la acción y no a la paz envidiada por los hombres pacíficos.
—Será un guerrero— declaró mi esposo, revelándome que pensaba en lo mismo que yo—. Un conquistador temerario.
—Su madre preferiría tenerlo un poco m