Atravesé el cortinado de perlas y plumas blancas hasta que el amplio lecho quedó a la vista, con su dosel dorado y los grades candelabros en las esquinas, dándole una iluminación de ensueño.
—Lo recuerdo…—Murmuré—. Recuerdo esta alcoba, su olor es…
No pude seguir hablando, la pelirroja se acercó para sostenerme y solo entonces advertí que temblaba y que toda mi fortaleza se había convertido en un ramo de emociones que se desojaban velozmente.
Blehien se ocupó de apartar a los guardias y cerrand