Manada de la sombra lunar*
Layla, embarazada, estaba sentada mientras su criada le masajeaba las piernas.
La voz de Layla era un quebradero de cabeza, cargada de dolor y frustración.
—¿Estás loca? ¿No puedes hacerlo con cuidado? —gritó, con los ojos llenos de ira.
Su criada, Lia, se quedó paralizada, con las manos suspendidas sobre los tobillos hinchados de Layla.
—Lo siento mucho, mi señora —se disculpó Lia con voz temblorosa—. No quería hacerte daño.
El rostro de Layla se contrajo de incomodi