Hazel caminaba por el pasillo. Sus vaqueros le quedaban perfectos y su blusa negra resaltaba sus hombros. Llevaba el pelo recogido en un moño informal, con algunos mechones sueltos enmarcando su rostro.
—Ya terminé —dijo Hazel.
—¿Podrán estar bien solas? —preguntó Noah.
—No te preocupes por nosotras. Necesitas descansar y te espera mucho trabajo como Alfa —respondió Maya.
—Eso no significa que no deba preocuparme por lo que hagan —dijo Noah.
—Estaremos bien, hermano. Hazel solo tiene que firmar