Hazel yacía acurrucada en la estrecha cama, con el rostro bañado en lágrimas. Finalmente, agotada de tanto llorar, cayó en un sueño intranquilo. Aún estaba conmocionada por los sucesos del día y sentía el corazón apesadumbrado por el dolor.
La pequeña y sencilla habitación distaba mucho de la lujosa suite a la que estaba acostumbrada, y Hazel se sentía como si la estuvieran castigando. Echaba de menos la comodidad y la seguridad de su antigua cama, y el frío y duro colchón de esta nueva habit