Las chicas regresaron a casa y los guardias las ayudaron con sus bolsas de compras.
—¡Este es uno de los mejores días de mi vida! —dijo Maya con alegría.
—¡Lo has estado diciendo todo el tiempo! —rió Hazel.
Al entrar en la casa, Maya no podía dejar de sonreír.
—¡Estoy tan feliz, hermana! ¡Por fin tengo todo lo que necesitaba para el lanzamiento! El vestido, los zapatos, el velo... ¡todo es perfecto! —exclamó Hazel riendo y poniendo los ojos en blanco con picardía.
—¿Entonces no vamos a vestirno