Naya y Maya caminaban junto a Sophia, sus pasos resonando por los majestuosos salones del castillo. Los ojos de Sophia se abrieron de par en par al contemplar la opulenta decoración, los intrincados tapices y las brillantes lámparas de araña.
—¡Guau, esto es increíble! —exclamó Sophia, con la mirada fija en cada detalle—. Nunca había visto nada igual.
Naya sonrió, su larga melena oscura ondeando mientras asentía. —Sí, nuestro castillo tiene una rica historia. Nos enorgullece llamarlo nuestro ho