Hazel entró en su habitación con la ayuda de Noah, después de pasar un rato con las criadas y los guardias.
—Gracias por su ayuda —murmuró Hazel y se sentó lentamente en el sofá.
Al acomodarse en los mullidos cojines, Hazel dejó escapar un suave suspiro de alivio, sintiendo cómo la suavidad envolvía su cuerpo cansado. Noah se sentó a su lado, con los ojos llenos de preocupación y amor.
—De nada, querida —dijo, tomando suavemente su mano—. Necesitas descansar. Has tenido un día largo.
Hazel asin