—No, claro que no, tía Sofía —intervino Naya con voz cálida y amable—. Es una sorpresa verte aquí. No sabíamos que vendrías.
La señora Sofía no apartó la mirada del rostro de Hazel, y su sonrisa se ensanchó. —Quería darles una sorpresa, mis queridas primas. Y tengo un regalo especial para ustedes dos.
El rostro de Sofía se dirigió al rostro preocupado de Hazel.
—¿Y quién es...?
—Es Hazel... la compañera de Noé —respondió Naya.
—¡Ya encontraste a tu compañera... y no me avisaste! —exclamó Sofía