Las criadas estaban sirviendo la comida cuando llegaron, y Hazel se apresuró a sentarse.
—¡Guau… se me hace agua la boca! —murmuró Hazel.
Naya rió y puso los ojos en blanco con aire juguetón. —¡Hazel, siempre eres tan dramática! Pero tengo que admitir que la comida de hoy tiene una pinta increíble.
Maya sonrió y se sentó junto a Hazel.
Mientras comían, las hermanas saborearon los deliciosos sabores y texturas de sus platos. Hazel cerró los ojos extasiada, deleitándose con el sabor y el aroma de