Otro coche entró en el centro comercial y Layla salió.
—¿Me está diciendo que vamos a encontrar todo lo que necesito aquí? —preguntó Layla al conductor.
—Sí, señora —respondió él.
Los ojos de Layla se iluminaron de emoción al contemplar el centro comercial. —¡Genial! Necesito comprar algunas cosas.
El conductor asintió, con expresión neutra, pero con una mirada cómplice. —Seguro que sí, señora. Tiene fama de ser bastante... generosa.
Layla rió entre dientes, con voz baja y ronca. —Digamos que m