Hazel entró en el estacionamiento de la empresa, sus neumáticos chirriaron ligeramente al detener el coche. Sin perder tiempo, salió rápidamente del vehículo y se dirigió a la sala de descanso.
Allí vio a Summer, su jefa, que ya estaba sentada tomando un café.
En cuanto Summer vio a Hazel, una cálida sonrisa se dibujó en su rostro.
—¡Oh, Hazel! —exclamó, dejando la taza—. Pareces tener prisa. ¿Todo bien?
Hazel aminoró el paso, con el ceño fruncido por la preocupación.
—No mucho —respondió, con