Damien entró en la habitación con una cálida sonrisa, sus ojos brillando de cariño. Frente a él, Nora yacía acurrucada, su delicada figura envuelta en su camisa, sus suaves ronquidos una apacible serenata. La luz de la mañana danzaba sobre su rostro, iluminando su expresión serena.
—Despierta, dormilona —susurró Damien con voz ronca y tierna—.
—Despierta, mi amor. Los párpados de Nora se abrieron lentamente, con la mirada aún adormilada. Al ver a Damien, su rostro se iluminó con una sonrisa rad