Noah salió del misterioso edificio, escudriñando los alrededores con cierta cautela. Miró a la derecha, luego a la izquierda, deteniéndose en las sombras proyectadas por las farolas parpadeantes. Satisfecho de estar solo, caminó con paso firme hacia su coche, acortando la distancia con sus largas zancadas.
Justo cuando iba a abrir la puerta, su teléfono sonó con un estridente timbre que rompió el silencio de la noche. Dudó un instante antes de contestar, con voz baja y cautelosa. "¿Sí?"
"Noah,