Nora se giró y vio a Layla de pie. Se levantó y corrió hacia ella.
—Ay, cariño, no deberías estar de pie así —le advirtió Nora. Layla sonrió antes de soltarla.
—No estaba de pie, voy a sentarme junto a mi marido —respondió Layla, y Nora se quedó atónita.
—Ven, siéntate, mi Luna —le dijo Ethan con una sonrisa.
Los ojos de Nora se abrieron de par en par, sorprendida. Su rostro se sonrojó, mezcla de vergüenza y comprensión. No esperaba que Layla actuara así con ella, y la forma en que se sentó a s