Después del ritual, los cuatro estaban permanentemente conectados de manera que trascendía su lazo previo. Ya no era solo sentir emociones del otro—podían compartir pensamientos, sentimientos y lo más importante, poder. Cuando luchaban juntos, eran prácticamente invencibles.
Los días siguientes fueron de ajuste y aprendizaje. La conexión era tan intensa que a veces era difícil distinguir dónde terminaba uno y comenzaba el otro.
—Acabo de pensar en té y Luna ya está preparándolo —Dante comentó