Gloria dio un vistazo a la pantalla, supo en qué parte del plan su hijo había avanzado.
Russell se hizo a un lado y ayudó a sentar a su madre en la silla principal. Roger una vez más quiso huir, pero Gloria se aferró a él, con una fuerza débil y lo mantuvo a su lado.
La Luna de la manada por fin se sentó en su sitio, con dos grandes hombres de pies, firmes, protegiendo sus costados.
―Siento mucho la demora, continuemos. ―Gloria habló con calma. Como si ella no hubiera sido secuestrada horas at