Helena bebió la taza de té entre sus manos.
Le dio un rápido vistazo a los alrededores. La oficina de Gloria era elegante, de estilo barroco. Cada silla tenía un vistoso tapizado de color rojo sangre que combinaron bien con el intrincado detalle en la madera oscura en todos los muebles.
―Dudo que esa niña pueda darnos algo interesante ―comentó Gloria, tiró una pila de papeles sobre su escritorio con una actitud indiferente y se relajó en su silla.
―Si ella lo logra y nos jura lealtad, tendremos