Helena le contó todo a Russell.
Él permaneció callado, solo la escuchó de forma atenta y esperó a que se calmara con paciencia.
―¿Qué debemos hacer? ―preguntó Helena, visiblemente afectada.
Russell no respondió de inmediato, la sentó en una silla y le dio un vaso con agua. Él se sentó a la orilla de la mesa y cruzó los brazos frente a su amplio pecho.
―Nada. ―Helena le miró sin comprender, así que él explicó―. Está claro que te están apuntando. No dudo que pueda ser una trampa. Aunque también p