Helena no estaba del todo contenta, pero prefirió dejar de lado esa sensación.
Se concentró en la salida con Russell y trató de mantener la calma. Se entretuvo con su teléfono durante todo el recorrido en el auto.
Al llegar al lugar, Helena se dio cuenta de que era una tienda elegante de joyería muy exclusiva.
Le pareció extraño, pero ella no hizo preguntas. Russell le extendió la mano y ella, con el ceño fruncido, lo tomó.
La palma era grande, áspera y caliente, tal como se lo imaginó.
Muy jun