Helena escuchó el sonido de la puerta al abrir y cerrar.
Su mente despertó a medias, aunque su cuerpo permaneció dormido. Ella respiró el aroma del intruso, aquel olor fresco a menta inundó cada rincón de sus pulmones.
Lo tuvo claro, no era la enfermera.
Solo una persona tenía ese tipo de aroma tan rico, pero era de noche y ninguna visita permaneció en la habitación.
Ni siquiera su madre, que se había retirado con Gloria y Mara, para un buen descanso, así que no era posible que Russell la visit