El Gran Salón de los Ancianos, excavado en la roca viva de la montaña, vibraba con la tensión acumulada de docenas de respiraciones contenidas. Las antorchas dispuestas en las paredes de piedra proyectaban sombras danzantes sobre los rostros severos de los miembros del Consejo, sentados en un semicírculo elevado frente a Helena. El techo abovedado, adornado con símbolos ancestrales tallados en la piedra, parecía aplastarla con su peso histórico.
Helena permanecía de pie en el centro, sintiendo