El amanecer sobre la frontera de la Manada de Piedra trajo consigo algo más que luz. Era una sensación palpable, como si la tierra misma hubiese cambiado. El aire tenía un matiz distinto, cargado de un poder antiguo, uno que no había sido invocado en generaciones.
Kael y Lía salieron de la tienda cuando el sol apenas rompía el horizonte. Se movían en silencio, sus cuerpos aún marcados por la noche de pasión que habían compartido, pero era la profundidad de sus miradas lo que delataba algo mayor