La luna estaba en su punto más bajo, una luna menguante que parecía ocultarse, como si temiera lo que estaba por venir.
Lía no dormía.
Después del ritual de purificación, algo había cambiado en su sangre. La cicatriz no solo brillaba… ahora latía. Como un segundo corazón. Uno que no siempre latía al ritmo del suyo.
Caminaba sola por el borde del acantilado, observando el valle que Kael llamaba “hogar”, pero que ella apenas comenzaba a conocer.
La voz de Valen aún resonaba en su cabeza:
“La híbr