La sala del ritual estaba cubierta con ceniza blanca y hojas de roble negro, una combinación sagrada que solo se utilizaba en los exorcismos lunares más antiguos. Hacía décadas que no se realizaba uno, y mucho menos con un guerrero de élite como Valen.
Pero esta vez, no era solo necesario.
Era urgente.
Valen estaba atado a las raíces del círculo ancestral, sus ojos en blanco, la piel grisácea, la voz repitiendo la misma frase una y otra vez:
—La grieta ya está hecha… la grieta ya está hecha…
Cé