Lía soñaba.
Pero no era un sueño normal.
No había imágenes borrosas ni memorias inconexas.
Había presencia.
Y un susurro.
“¿Estás segura de que elegiste bien?”
El bosque que la rodeaba era denso, blanco como la niebla. No reconocía los árboles, pero sabía que eran antiguos. Demasiado. Sentía sus raíces palpitar bajo sus pies como venas enterradas.
Caminaba descalza, con la cicatriz de su espalda brillando como una herida abierta.
“Él no te necesita.”
La voz era suave. Grave. Masculina. Familiar