La madrugada trajo una niebla inusual.
No era del bosque. No era natural.
Era espesa, húmeda y pesada… como si respirara por sí misma.
Los lobos que hacían guardia comenzaron a inquietarse. Algunos gruñían sin razón. Otros se resistían a transformarse, como si algo en el aire les negara su instinto.
Lía lo notó primero.
El Valle no la reconocía.
Su poder, que antes fluía con armonía en la tierra, ahora se sentía... bloqueado. Como si el entorno mismo estuviera siendo silenciado.
—¿Qué pasa aquí