—Esto no es lo que tenía pensado para nuestra noche de bodas.
—Tal vez sea porque lo planeaste tú solo.
—¿Qué? —Darian me miró mientras se quitaba una de las botas, sentado en la esquina de la cama.
—Me parece que has pensado demasiado en esto... Forzado.
—¿Forzado? —Se puso de pie de pronto, con los ojos encendidos—. ¿Me estás diciendo que te forcé aquella noche en el bosque? ¿Que te obligué la noche que te salvé de morir asfixiada por las garras de Kael?
Las palabras se me atragantaron. No con