—¿Ni siquiera piensas beber un poco de agua? —sostuve la botella varios minutos frente a sus labios resecos y agrietados, observando cómo la piel se partía con cada respiración.
Negó con la cabeza lentamente, la sombra de su rostro hundida en la penumbra.
—No puedes seguir así. Ya son tres días…
—Lo prefiero —contestó, apartando la boca con un leve movimiento, como si el simple contacto del agua fuera un lujo que no merecía.
—Lo entiendo —dije, dejándome caer en el suelo polvoriento. El frío d