—¿Sabías que esto iba a pasar? —mi voz salió quebrada, con un filo afilado por la rabia y el dolor.
—Nyra… —su tono fue apenas un susurro.
—No te atrevas a poner un pie en esta habitación si no estás dispuesto a decirme la verdad, aunque sea una puta vez en tu miserable vida. —Mis manos temblaban, pero no era de miedo; era furia contenida.
Kael se detuvo justo en el umbral, como si la mera idea de cruzar la puerta fuera un riesgo. Me miraba con esa mezcla envenenada de lástima y temor, como si