Mi corazón se detuvo.
—D… Darío… —mi voz se quebró, apenas un susurro ahogado.
No pensé, no respiré. Mis piernas se movieron solas, rompiendo la distancia entre nosotros mientras sentía cómo el mundo entero se estrechaba a ese instante. El aire frío de la mañana me cortaba la piel, pero no importaba; el suelo bajo mis pies desapareció y solo quedaban mis manos extendidas, temblando, buscando tocarlo.
Kael se detuvo a unos pasos de mí y, sin decir palabra, inclinó el cuerpo y me lo entregó. Mis