Zayn parte IV.
Dejé que el barco encallara en la orilla más cercana y descendí con cuidado, sintiendo por primera vez el cansancio instalarse en mis músculos. El olor a sal, sangre y madera húmeda se mezclaba con el aire frío de la mañana.
Para cuando mis pies tocaron la arena, Darius, Silvie y Mariana ya corrían hacia mí colina abajo.
—Eso fue… ¡intenso! —exclamó Silvie al llegar, con los ojos abiertos de par en par—. Sabía que podías luchar, pero eso… Zayn, fue una locura.
Me encogí de hombros, restándole i