Lobo Blanco ll.
No dije nada enseguida.
Pensé en todas las señales que antes decidí ignorar.
No hubo gritos. No hubo escena. Solo esa sensación seca, hueca… como cuando algo se rompe sin hacer ruido. Un clic interno. Sutil. Final.
No sentí rabia. No aún. Lo que sentí fue una calma rara, como si algo dentro de mí simplemente se hubiera detenido. Como si lo que dolía ya no tuviera permiso para doler.
Supongo que esperaba lealtad. No por ingenuo, sino porque lo di por hecho. Como uno da por hecho que el s