Lobo Blanco XIV.
Esperé.
Esperé a que el invierno pasara, a que los días se alargaran y las noches dejaran de cortarme los huesos como cuchillas. Los cachorros necesitaban un lugar seguro, una manada que pudiera enseñarles lo que yo no podía, y debía aguardar hasta que fuera posible moverlos sin que se congelaran
Una noche de ese invierno, regresé a seguir atormentando a Rebeka y la encontré muerta.
No supe cómo ni por qué. Solo supe que ya no respiraba, que la vida se le había escapado de alguna forma